
EL TRIPLE DESCENSO DE LA LUZ
Compartimos para este mes de abril un poema que refleja el triple descenso como el sacrificio y regalo de la Divinidad, que toca cada templo construido aquí en la tierra con su rayo del conocimiento y el amor.
El triple descenso de la luz
Los deseos de ayer
se visten de mendigos,
obligados a lismonear,
a la puerta de una iglesia,
es mañana de domingo.
El anhelo de hoy
es una dama bien vestida
dispuesta a saborear
los manjares de una cercana fiesta.
La mente, antes prisión
promete ser coronada
con la aureola de mil soles.
Preside el interior de la cabeza
una tenue luz de diamante
ansiosa por recibir el rayo viajero,
que viene de otros mundos.
Un gran misterio,
alumbra en la cueva del conocimiento.
La cabeza y su corona,
no son el único templo
para la luz y la belleza.
En el templo del pecho,
señorea la fuerza del amor,
lo divino y lo humano juegan,
se fusionan atómicamente,
encendiendo el rostro agotado,
de quien, buscando, encontró.
Un templo, antes cerrado,
que solícitas sirvientas limpiaron,
adornándolo con incienso y flores frescas.
Está ahora engalanando,
esperando el día gozoso,
en el que se encienda el fuego.
Queda el templo del cuerpo,
construido sobre una roca fría,
que se resiste al amor y la luz,
como hijo desheredado del reino de su padre.
Todavía no se aprecia,
que la fuerza de otros mundos,
haya podido transfigurar
el amenazante rostro de la muerte.
En el aire se escucha,
un canto de esperanza,
que traspasa el campo,
donde se libra,
una inevitable e inconclusa batalla.
SAVITRI
