¿ES EL YOGA UNA ACTIVIDAD MÁS?

¿Enseñamos yoga?

Es la última clase antes de navidad, y hoy solo ha asistido la mitad del alumnado. Diciembre siempre es un mes complicado, haciendo que los miedos y tensiones del profesor/a surjan como una recurrencia irremediable. Mientras recogemos, Julia, la alumna que siempre se queda la última, me comenta con la mirada empática que le caracteriza: «¿Habéis pensado en hacer más actividades? En el centro de al lado, han puesto Crossfit, clases de pilates y también de yoga y parece que tienen toda la tarde con trajín de gente”.

Esta inocente pregunta hizo replantearme el status quo donde nos movemos como profesores de yoga. Pudiendo reflexionar con esto, sobre nuestro yoga, su autenticidad y la adaptación a la vida en esta sociedad de la inmediatez.

¿Es el yoga una actividad?

Con esa pregunta de Julia, lo primero que pensé es que como profesoras de yoga, no podemos dejar que esta disciplina se convierta en una actividad más. El yoga debería de ser, por encima de todo, una enseñanza, aunque esta se desarrolle dentro de una actividad como son las clases regulares.

Este detalle que puede parecer trivial o puntilloso, no lo es. Lo primero que te preguntas como profesora de yoga es, ¿cómo voy a diseñar una clase? o ¿qué voy a hacer hoy en clase? o ¿qué quiero enseñar hoy en clase?. Este es un peligro en el que es fácil caer como profesoras hoy en día, mecanizar nuestras clases, como si de otras disciplinas físicas se tratase. Querer ofrecer una experiencia, alejándonos de la profundidad que ofrece un hilo de enseñanza.  Pensar más en lo que le apetece al  alumno o lo que le va a agradar a lo que le va

hacer crecer. Se trata de posicionarnos en una actitud y que nuestra energía esté enfocada en que nuestras alumnas no vengan solo a practicar yoga, sino que vengan a aprender yoga. Esto no está reñido con que podamos ser profesoras de otras enseñanzas y que otras formas de hacer sean totalmente lícitas, pero si no hay enseñanza, solo experiencia puntual, este yoga no cala y se queda en la superficie.

El yoga debería de ser, por encima de todo, una enseñanza, aunque esta se desarrolle dentro de una actividad como son las clases regulares.

Las modas nos abruman

Otro gran obstáculo que presiona al profesor de yoga son las modas. En su momento fue el fitness, la estética, el ámbito terapéutico, ahora es el trabajo de fuerza o la neurociencia lo que nos acompaña, y en unos años, vendrá otra moda que marque e impregne todos los campos en los que el yoga está tocando. Esto no significa que estos aspectos que surgen no sean necesarios, beneficiosos para la salud de la sociedad actual o incluso que nos aporten sinergias interesantes para nuestras clases, pero podemos caer en querer “encajar” en estas tendencias, desvirtuando nuestro método y nuestro objetivo yóguico. En estas modas no es difícil ver como profesoras de yoga excelentes acaban siendo entrenadoras personales, coaches, vendedoras de productos de bienestar o rehabilitadoras extraordinarias, pero de fondo, nuestra autenticidad yóguica, sin darnos cuenta, se va desvirtuando.

«El rebaño nos ha convertido en oveja y no sé cómo he llegado hasta aquí». En una sociedad donde la forma prevalece sobre el contenido, como profesoras de yoga debemos de ser honestas y saber el valioso tesoro que transmitimos, sabiendo acotar a dónde llega nuestro yoga y a dónde no.

Se trata de pensar si con nuestras clases, hemos logrado acercar a los alumnos un poco más hacia su corazón o hacia una reflexión sobre su vida o si simplemente les hemos aliviado su dolor lumbar o tiene un cuerpo más bonito para el verano.

Cada disciplina tiene su valor y su lugar y valorar nuestro yoga y su autenticidad empieza por no perdernos en los numerosos focos que nos deslumbran hoy en día, manteniendo firme, nuestra identidad yóguica.

El antídoto. La sadhana.

Si algo diferencia al yoga y a la profesora de cualquier otra actividad, es que la persona que lo comparte vive su sadhana. Sin sadhana es fácil caer en que tu yoga sea una actividad más, incluso siendo una gran profesional impartiendo actividades. Cuando no experimentas el yoga en ti misma y la evolución personal que supone, pasas a convertirte en algo más, con más o menos cualidades y ahí no existe la enseñanza, aunque las frases sean muy bonitas y aportemos un bien a la alumna como tantas actividades hoy en día. En este espacio vacío deja de haber profundidad en nuestro compartir, porque se está compartiendo desde la superficie, lo teórico, nos convertimos en la tan de moda Inteligencia artificial, con muchos recursos técnicos, pero sin una coherencia y un filtro interior. No hay espiritualidad porque no la vives en ti.

Si tu sadhana no llena y orienta tu vida, tu enseñanza será una actividad más. Si tu sadhana no te lleva a profundizar en ti misma, tu yoga seguirá buscando novedades en cada moda que nos ofrezcan una multitud de beneficios y además en oferta por tiempo limitado. Esto no significa que como profes, sigamos renovándonos, conociendo cosas nuevas, practicándolas o incluso seamos profesoras de otras disciplinas y las desarrollemos con total profesionalidad y amor. Si no perdemos nuestro centro, sabremos cuando estamos en un lugar y en otro, que tenemos y podemos aportar en cada lugar, poniendo consciencia y coherencia en lo que queremos compartir y desde dónde lo hacemos.

Si tu sadhana no llena y orienta tu vida, tu enseñanza será una actividad más.

Así que, en esta época de inicios y propósitos, como profesora de yoga:

  • Decido no hacer del yoga una actividad más, sino un campo de enseñanza donde sembrar posibilidades para los alumnos.
  • Decido acercar al corazón a cada persona que se acerque a clase, por encima de objetivos físicos o experiencias expansivas.
  • Decido hablar de espiritualidad, aunque algunas personas se inquieten y se incomoden, pues es una puerta donde otras muchas personas encontrarán un espacio infinito.
  • Decido ser honesta con mi práctica y mi sadhana, para vivir en mí misma, la transformación que quiero ver y compartir en mis clases.
  • Decido ser profesora de yoga como una forma de vivir el mundo y para el mundo.


Autor

Kavi. Formadora de profesores de Yoga Integral en la Escuela Mahashakti.