
EL MAESTRO ESTÁ EN TU INTERIOR
Vivimos acostumbrados a buscar respuestas fuera de nosotros, cuando el verdadero guía siempre ha estado en nuestro interior. La meditación nos invita a redescubrir esa presencia silenciosa, cultivando una vida interior basada en la escucha, la claridad y el encuentro con nuestro Maestro Interno.
Todos hemos oído o leído que “cuando el discípulo está preparado aparece el maestro” y hemos esperado, expectantes, encontrar a tan ansiado “gurú” viajando a la India, en un retiro o, por qué no, a la vuelta de la esquina.
Buscamos fuera porque, cuando fuimos educados, nadie nos dijo, con la suficiente fuerza, que lo que necesitamos está dentro de nosotros. Se nos ha entrenado en proyectar nuestra atención hacia el exterior. Durante un tiempo hemos podido creer que el amor nos lo van a dar otros, aceptando equivocadamente la idea de que la Verdad y la Luz no pueden estar en nosotros. Hemos buscado fuera, demasiado tiempo, a ese idealizado sabio-maestro que espera en algún sitio a que estemos preparados, sin saber que ese lugar está muy cerca, está dentro.
“Cuando el discípulo está preparado aparece el maestro” y cierto es que el Maestro aparece, siempre acude, pero no se refiere explícitamente a una persona sino al Maestro/Guía que mora en nuestro interior. Este Guía Interno precisa de unas condiciones, cierta atmósfera interna, para poder emanciparse y aparecer en nuestra vida guiándola desde dentro. Este Maestro Interior es la Divinidad viva que mora en cada uno de nosotros/as que quiere expresar y compartir el bien del que es portador. Este es el Maestro esperado y el ego (cuerpo, emoción y mente) es el discípulo.
El Yoga como Camino Espiritual que es, desde su inicio y ahora más que nunca, se reafirma en la necesidad de buscar dentro. Un Yoga de profundidad, integral, nos ha de aportar todas las herramientas que preparan este místico abrazo entre “Maestro” y “discípulo”.
Vida interior
En la medida en que vamos profundizando en la práctica de la meditación va surgiendo tranquilamente la necesidad de estar con nosotros mismos. Casi desde el inicio comienza a establecerse un vínculo entre la consciencia de superficie y la consciencia interna.
La consciencia de superficie es la que está en contacto con el mundo y la consciencia interna es la que está en contacto con nuestra realidad interior. La meditación pretende establecer un vínculo estable entre ambas, una vía de comunicación realista y fluida.

Cultivar la vida interior
Para comenzar a cultivar la "Vida Interior" es preciso crear unas mínimas condiciones:
- Bajar la intensidad emocional.
- Crecer en claridad mental.
- Cierto dominio de la atención.
Pero sobre todo, lo más importante es querer establecer esa comunicación contemplando la posibilidad de que pueda llegar a ser; la actitud es la clave definitiva. Tener vida interior es, quizá, una de las experiencias más enriquecedoras y satisfactorias que podemos alcanzar al meditar.
Evolución y meditación

La vida interior comienza poco a poco; es al principio un ligero susurro, una sensación especial o una certeza. Según la vamos cultivando y atendiendo, se convierte en algo más grande, en un espacio en el que estamos con nosotros mismos, descubriendo y comprendiendo esa Verdad que mora dentro.
A esa realidad interior en la Meditación Integral le llamamos “Maestro Interno” y es esa parte de nosotros, en lo profundo, que está en comunión y es portadora de Belleza, Amor, Luz y Conocimiento. El propósito de toda meditación es establecer, como decía al inicio, un vínculo entre el intelecto en la superficie y esta realidad Interior. Continuaremos indagando sobre ello, pero ahora es cuestión de practicar: tenemos la certeza de que vale más un gramo de experiencia que una tonelada de teoría.
Cultivar la escucha
A la meditación, entre otras cosas, le pedimos que nos inspire en fomentar lo que denominamos Vida Interior, como un bien al alcance de todas. Para ello solo precisamos crear unas mínimas condiciones de Paz y claridad interior que serán complementadas con una tranquila aspiración a descubrir el tesoro que portamos en nuestro interior.
Yendo un poco más hacia adelante observamos que las condiciones anteriormente citadas facilitan el desarrollo de una cualidad que, a mi modo de ver, es imprescindible cultivar tanto en la meditación como en la vida: “la escucha”. Esta es una de las bases principales de la meditación contemplativa que nos ayudará a vertebrar nuestra vida interior. Cuando hablamos de escucha hablamos de intención y de atención, es decir, precisamos de una disposición a escuchar y también de un mínimo dominio de la atención que recoge lo escuchado.
- La atención la cultivaremos con las herramientas de la meditación concentrativa.
- La escucha precisa además de un ambiente interior de cierta calma, libre de ideas preconcebidas acerca de lo que ha de ser escuchado, ya que esto podría distorsionar el mensaje que nuestro interior quiere hacer llegar a la superficie.
Siendo el lenguaje del Alma diferente al del intelecto, precisamos de un medio que decodifique este lenguaje excepcional y lo adapte a la forma en la que el intelecto pueda recibirlo y gestionarlo, siendo la escucha (junto con la sensación y la imaginación) los medios principales de expresión que proyecta nuestra interioridad hacia la conciencia de superficie.
Pero, centrándonos en la escucha, podemos realizar varias preguntas, por ejemplo: ¿Cómo podemos fomentarla? ¿Son todos los momentos adecuados o hay unos mejores que otros? ¿Cómo discernir entre una auténtica escucha y la mente discursiva?
Todas tienen respuesta, no obstante trataremos de contestar a la primera de un modo práctico, ensayando la escucha en medio de la vida, cultivándola en nuestra meditación sentados, y sobre todo queriendo, con todo nuestro corazón, descubrir la verdad que mora dentro.
A continuación se propone una práctica que promueve el cultivo de la escucha. Este ejercicio se llama Ensayo de la escucha consciente y nos ayudará a afinar la atención en el espacio sonoro. Se realiza como sigue:
1. Con los ojos cerrados enfocamos la atención en la atmósfera sonora, siendo nuestra actitud pasiva, una escucha tranquila, durante dos minutos.
2. Seleccionamos uno de los sonidos detectados y nos enfocamos en él durante dos minutos.
3. Volvemos a la escucha global permaneciendo dos minutos en ella.
Educar la atención es el primer paso para cultivar la escucha consciente; ensayarlo en ambientes externos facilitará, a posteriori, aplicarlo a la escucha interior.
Autor
Saranagati. Director de la Escuela Mahashakti y formador de Profesores de Yoga Integral.
